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Teoría de las Ventanas Rotas...¿Se puede combatir el crimen de una manera más fácil?

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Pocos experimentos sociales se han vuelto tan famosos como “Vidrios Rotos”, experimento llevado a cabo por Philip Zombardo de la Universidad de Stanford; el cual buscaba relacionar los pequeños descuidos o imperfecciones en los fraccionamientos con los altos niveles de delincuencia que se vivían en ese tiempo en los Estados Unidos.

El experimento consistió en lo siguiente; se estacionaron dos coches, uno en el Bronx, Nueva York, y otro en un fraccionamiento tranquilo en Palo Alto, California.  El automóvil estacionado en el Bronx en cuestión de horas fue totalmente desmantelado y destrozado.

En cambio el de Palo Alto permaneció intacto por varias semanas…. Nada fuera de lo común si tomamos en cuenta el tipo de barrio donde se abandonó el coche. Tranquilo, familiar, sin delincuencia.  Pero el experimento tenía otra fase;  Philip tomó un martillo; rompió el parabrisas y abolló el coche de Palo Alto. Al cabo de unas pocas horas, este coche se encontraba tan desmantelado como el abandonado en el Bronx.

Gracias a este experimento surge la Teoría de las ventanas Rotas desarrollada por James Q. Wilson George Kelling, donde llegaron a la conclusión que no importaba que barrio fuera, la más mínima señal de desorden o descuido podría provocar una bola de nieve en la zona, alentando el crimen y la delincuencia. Por lo tanto un cristal roto, un edificio abandonado, mendigos por la calles, todo estos factores podrían desembocar en altos indices de delincuencia.

La teoría en su máximo esplendor


Un ejemplo enorme de la efectividad de la teoría fue la ciudad de Nueva York. En 1994 Rudolph Giuliani, alcalde de Nueva York, impulsó la política de tolerancia cero basada en la teoría de las ventanas rotas. La policía de Nueva York empezó con pequeñas tareas para mantener el orden y la limpieza de la ciudad. Se buscó “sanear” las lineas del metro, eliminar limosneros, graffiteros y prostitutas, detener a las personas que orinaban en la vía pública y los pequeños hurtos; como su programa aclamaba: habría “cero tolerancia al delito”

El programa fue un éxito. El crimen general se redujo en un 65%,  el metro de la ciudad volvió a tener la misma afluencia de siempre y la gente podía caminar por las calles sin miedo a robos,  la ciudad volvió a recuperar su seguridad.

Para analizarlo más a detalle tomemos como ejemplo el graffiti que en ese entonces abundaba en las lineas del metro de la ciudad. Las personas al ver estos garabatos se sentían intimidadas y desconfiadas, pues el hecho de saber que alguien había vandalizado la vía publica sin recibir ninguna especie de castigo por este comportamiento daba la impresión de que no había ninguna autoridad a la cual acudir, por lo tanto cualquier cosa se podía hacer sin temor a las consecuencias, este mensaje era captado por los usuarios y los delincuentes por igual, así que los primeros evitaban usar el metro y los segundos eran alentados a seguir transgrediendo las normas.Tan solo  al eliminar los graffitis del metro las personas volvieron a sentirse confiadas, pues en este caso e“desorden” estaba empezando a desaparecer.  Los vándalos fueron detenidos, y esto sirvió como mensaje para los demás infractores.



Esto nos pasa diariamente, si pasamos por una calle llena de graffiti y basura empezamos a desconfiar del lugar, pensando que es una mala zona y que en cualquier momento nos pueden robar. Y no, no es prejuicio, lo más probable es que esto sea una deducción bastante certera.

Lo importante de esta teoría es que replantea la concepción que se tenía sobre el crimen, el cual se pensaba era causado por pobreza o falta de educación, demostrando que es la falta de orden la que conlleva a una ola de transgresiones de la ley, y que; si podemos mantener el orden y  eliminar las pequeñas fallas; podremos transformar la sociedad en la que habitamos.Recordemos que son los pequeños actos diarios los que nos definen como personas, y esto es exactamente lo que nos dice la teoría, sólo que en gran escala;


la suma de todos los pequeños actos que llevemos a cabo como individuos crean la sociedad en la que habitamos.